Mi Cronos y mi Kairós: aprender a respetar mis propios tiempos

Mi Cronos y mi Kairós aprender a respetar mis propios tiempos

Cuando sentimos que deberíamos estar haciendo algo más

Hace bastante que no publico en este blog.

Y no ha sido porque haya dejado de trabajar.

Estos meses he seguido acompañando a clientes, desarrollando proyectos, aprendiendo, probando nuevas formas de hacer las cosas y utilizando la tecnología —y especialmente la inteligencia artificial— prácticamente cada día.

Lo que he parado durante un tiempo ha sido otra cosa: la necesidad de contar constantemente lo que hago y, sobre todo, esa sensación de que siempre debería estar pensando en el siguiente paso.

Porque ideas tengo.

Podría haber escrito sobre inteligencia artificial, sobre ChatGPT, sobre estrategia digital, sobre emprendimiento o sobre cualquiera de las novedades tecnológicas que aparecen casi a diario.

Pero no encontraba qué quería contar.

O quizá, simplemente, necesitaba otro ritmo.

 

Cronos y Kairós: dos maneras de entender el tiempo

Hace unos días volví a encontrarme con dos conceptos que ya conocía, pero que esta vez llegaron en un momento especialmente oportuno: Cronos y Kairós.

Cronos es el tiempo que podemos medir.

El calendario. Los días. Los meses. Los años. Los proyectos que empiezan y terminan. Las fechas que nos ponemos para conseguir determinados objetivos.

Kairós habla de otra cosa.

Es el momento adecuado. Ese tiempo que no necesariamente podemos medir, pero que muchas veces podemos sentir.

Y últimamente me he dado cuenta de que mi Cronos y mi Kairós no siempre avanzan a la misma velocidad.

Mi Cronos me dice que tengo que hacer planes.

Que debería publicar.

Que debería pensar en nuevos proyectos.

Que tengo que estar al día.

Que debería decidir cuál será mi siguiente movimiento profesional.

Mi Kairós, en cambio, parece estar diciéndome:

Observa un poco más. No necesitas decidirlo todo ahora.

 

Cuando tienes experiencia, pero no todas las respuestas

Después de más de 40 años vinculada a la informática y la tecnología, he vivido muchos cambios.

Algunos enormes.

He tenido que aprender, desaprender, adaptarme y reinventarme muchas veces.

Y seguramente tendré que seguir haciéndolo.

Pero hay algo diferente en esta etapa de mi vida profesional.

Ya no siento la necesidad de hacer algo simplemente porque “es lo que toca”.

Me interesa mucho más preguntarme:

¿Esto tiene sentido para mí?

¿Dónde puedo aportar realmente valor?

¿Qué proyectos quiero priorizar?

¿Con qué personas quiero trabajar?

¿Qué quiero seguir aprendiendo?

¿Dónde quiero poner mi tiempo y mi energía?

No estoy cerrando una etapa profesional.

Estoy decidiendo con más cuidado cómo quiero vivirla.

Y creo que hay una diferencia enorme entre ambas cosas.

 

La inteligencia artificial también me está enseñando algo sobre el tiempo

Curiosamente, una de las cosas que más me ha hecho pensar en todo esto es precisamente la inteligencia artificial.

Estamos viviendo un momento fascinante. Cada día aparece una herramienta nueva, una funcionalidad nueva, un modelo nuevo, una nueva manera de hacer algo que hasta hace poco parecía imposible.

Y me encanta.

Utilizo ChatGPT prácticamente todos los días y se ha convertido en una herramienta habitual en mi trabajo. Me ayuda a pensar, analizar, crear, ordenar ideas y encontrar nuevas formas de abordar muchos de los proyectos en los que trabajo.

Pero también he descubierto algo importante: no quiero perseguirlo todo.

No necesito conocer las 50 herramientas de inteligencia artificial que han aparecido esta semana. Ni probar una aplicación simplemente porque todo el mundo está hablando de ella.

Prefiero entender bien las herramientas que realmente me ayudan.

Seleccionar.

Profundizar.

Experimentar cuando tiene sentido.

Y, sobre todo, seguir defendiendo algo en lo que llevo muchos años creyendo:

la tecnología debería ayudarnos a trabajar y vivir mejor, no convertirse en otra fuente de ansiedad.

Quizá mi papel ya no sea enseñarlo todo

Sino ayudar a distinguir qué merece realmente la pena
entre todo el ruido tecnológico que nos rodea.

Seleccionar, simplificar y traducir la tecnología para que podamos utilizarla sin sentir que tenemos que estar permanentemente corriendo detrás de lo último.

Y quizá esta reflexión también me esté dando alguna pista sobre hacia dónde quiero seguir avanzando profesionalmente.

Porque después de tantos años trabajando con tecnología, cada vez tengo más claro que el verdadero valor no está en conocer todas las herramientas, sino en saber cuáles necesitamos, para qué pueden servirnos y cuándo merece la pena incorporarlas a nuestra vida o a nuestro trabajo. 

 

Quizá no estaba paralizada

Durante estos meses he pensado algunas veces que estaba poco motivada.

Incluso me he sentido un poco paralizada.

Porque sigo trabajando, tengo proyectos, tengo ideas… pero no aparece esa urgencia que otras veces he tenido por poner inmediatamente en marcha algo nuevo.

Y últimamente estoy empezando a preguntarme si estaba utilizando la palabra equivocada.

Quizá no sea parálisis.

Quizá sea transición.

Una etapa en la que sigo haciendo, trabajando y aprendiendo, pero también observando.

Una etapa en la que no necesito llenar inmediatamente cada espacio que se libera.

Y en la que puedo permitirme hacerme preguntas antes de buscar las respuestas.

 

Hay una pregunta que me acompaña últimamente

Entre todas esas preguntas hay una que vuelve una y otra vez:

¿Qué parte de lo que hago seguiría haciendo aunque ya no tuviera que demostrar nada a nadie?

No tengo todavía una respuesta cerrada.

Pero sí algunas pistas.

Seguiría aprendiendo.

Seguiría escribiendo.

Seguiría compartiendo lo que sé.

Seguiría trabajando con personas y proyectos que me despiertan curiosidad.

Y, sobre todo, seguiría haciendo algo que forma parte de mí desde hace muchos años: ayudar a otras personas —y especialmente a otras mujeres— a perderle el miedo a la tecnología y utilizarla a su favor.

Seguramente cambiará la manera de hacerlo.

Como ha cambiado tantas veces a lo largo de mi vida profesional.

Y está bien que así sea.

 

Volver a escribir también forma parte de mi Kairós

Quizá por eso hoy he vuelto a este blog.

No porque tenga diseñado un nuevo plan.

Ni porque haya encontrado todas las respuestas.

Sino porque he vuelto a tener ganas de contar algo.

Y creo que eso también tiene que ver con aprender a respetar los tiempos.

Durante años he escrito mucho desde lo que sabía: explicando herramientas, compartiendo estrategias, enseñando tecnología y hablando de emprendimiento.

Quizá ahora también quiera escribir sobre lo que voy descubriendo mientras sigo avanzando.

Sobre tecnología e inteligencia artificial, por supuesto.

Pero también sobre experiencia.

Sobre cambios.

Sobre decisiones.

Sobre cómo seguimos reinventándonos cuando ya llevamos muchos kilómetros recorridos.

Y sobre algo que quizá necesitamos recordar de vez en cuando quienes estamos acostumbrados a hacer, producir y resolver: no todos los momentos de nuestra vida tienen que tener el mismo ritmo.

Hay momentos para acelerar.

Momentos para construir.

Momentos para aprender.

Y momentos para observar un poco más antes de decidir hacia dónde queremos dirigir nuestra energía.

Mi Cronos seguirá avanzando.

Eso es inevitable.

Pero quiero aprender a escuchar un poco más a mi Kairós.

Y quizá, por ahora, eso sea suficiente.

¿Quieres seguir aprendiendo y avanzando a tu ritmo?

Si te interesan estas reflexiones sobre tecnología, inteligencia artificial, experiencia y nuevas formas de trabajar y emprender, te invito a descargar gratuitamente mi ebook «Convierte tu sabiduría en oro digital con un infoproducto».

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