El socio invisible que siempre cobra primero
Tengo un socio invisible.
No vino cuando lancé mi web.
Tampoco cuando creé mi primer curso online ni cuando pasé noches enteras aprendiendo a usar herramientas que no terminaba de entender.
Nunca se presentó cuando tuve que hacer malabares para conseguir mis primeros clientes o cuando invertí cada euro que tenía en formarme y en seguir adelante.
Pero cada mes, sin falta, aparece.
Con la mano extendida.
Siempre puntual, siempre exigente, siempre pidiendo su parte… aunque no haya puesto nada sobre la mesa.
Ese socio no invitado se llama Estado.
Contribuir sí, sostener sola el sistema, no
Y no, no es que yo no quiera contribuir.
Estoy más que dispuesta a aportar para que haya educación, salud y servicios públicos de calidad.
Pero hay una diferencia entre aportar y sostener sola un sistema que parece vivir de tu esfuerzo sin darte nada a cambio.
Porque cuando eres autónoma no tienes red.
Si te enfermas, te aguantas.
Si no facturas, te aguantas.
Si un cliente se retrasa, el socio cobra igual.
Si inviertes, arriesgas o trabajas fines de semana, el socio sigue tranquilo, sabiendo que pase lo que pase, él cobrará.
Nunca me ha preguntado si he tenido un mal mes.
Nunca me ha ofrecido ayuda cuando los ingresos bajan.
Nunca me ha cubierto una baja real, porque —seamos sinceras— una autónoma no puede enfermarse.
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Cuando el mercado te cierra la puerta, tú abres la tuya
Aun así, sigo aquí.
Pagando mi cuota, cumpliendo mis plazos, reinventándome cada vez que cambian las reglas del juego.
No elegí este camino porque soñara con ser mi propia jefa.
Tuve que hacerlo cuando las empresas decidieron que, con más de 45 años, ya no encajaba en sus plantillas.
Cuando el mercado laboral cerró la puerta, yo abrí la mía.
Y desde entonces decidí que, si tenía que trabajar duro, sería para construir mi propio proyecto, no el de otros.
Ser autónoma es mi elección de la libertad
Elegí ser autónoma porque quería libertad.
La de decidir con quién trabajo, desde dónde y en qué momento.
La de crear un negocio que sea una extensión de mi propósito, no una cadena invisible.
La de hacerme responsable de mis resultados y también de mis errores.
Y esa libertad, por más cara que salga, no tiene precio.
Aunque mi socio no traiga postre, la anfitriona sigo siendo yo
Así que sí, seguiré teniendo a mi socio no invitado en la fiesta.
Él se llevará su parte cada mes, aunque nunca haya traído ni una botella de vino.
Pero la música, las luces y las ganas de celebrar la vida seguirán siendo mías.
Porque prefiero un negocio con un socio inoportuno que una vida donde no pueda decidir por mí misma.
Y aunque el Estado siga colándose sin traer postre, que no se confíe: tanta presión puede acabar empujándome a organizar fiestas clandestinas… y ahí sí que no estará invitado.
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COMPRENDO QUE EN UNA EMPRESA UNA SOLO PERSONA NO PUEDE ABARCAR TODO EL PROCESO SIEMPRE HAY QUE TENER PRESENTE QUE DEBE EXISTIR GRUPO DE PERSONAS PARA EQUIPARAL EN EL MISMO PARA OBTENER BUENOS RESULTADOS EMPRESARIAL FINANCIERO.
Hola Elvis
soy autónoma y cuento con colaboradores especializados para mi trabajo , pero creo que no has entendido bien la ironía de mi post… Creo en el trabajo en equipo, cuando el equipo trabaja, claro que del socio eu estoy hablando no es un trabajador….
Gracia por tus aportes, un saludo
Tu texto es una radiografía impecable de lo que muchas vivimos al emprender desde la autonomía: ese equilibrio entre aportar con convicción y resistir un sistema que cobra sin acompañar.
Leerlo es sentirse vista, reconocida… y un poco menos sola en este juego donde el riesgo y la fe van de la mano.
“Hay verdades que solo entiende quien ha sostenido su sueño con las dos manos.”
Creo que todas las que emprendemos desde la autonomía hemos sentido ese pulso entre la fe y el cansancio, entre aportar con convicción y remar contracorriente.
Al final, parece que somos muchas pagando la fiesta… es hora de empezar a elegir a música que más os guste.
Gracias por compartir tu punto de vista